domingo, 21 de diciembre de 2008

Cartas (no) enviables

Te escribo esta carta porque ya agoté mi paciencia (conmigo). También agoté toda el agua salada que mi cuerpo merecía darte. Vengo diciendo hace meses que me encuentro en tu velorio, pero no creo que se pueda hacer el amor con un muerto, ni acariciar o dejarse acariciar por un muerto, como lo hicimos anoche.

Me voy quedando sin argumentos. Cierto, aun añoro eso que me diste "cuando aun no me había dado cuenta de eras una prueba viviente de que uno no debe creerse todo lo que ve en televisión", y que aun me sigues dando , que me (nos) diste (dimos) anoche y que recibí (recibimos) de muy buena gana. Lo añoro, si, pero también añoro esa sensación de realidad que nunca supiste darme.

Te quiero. No podría decir te amo, pero podría decirte amor. Te lo he dicho mil veces sin que te des cuenta. Me encantan las caminatas del brazo, los abrazos, la confianza, la complicidad e ir atando cabos de tus mentiras y tus verdades que vas soltando en tus descuidos de criminal imperfecto cuando estamos juntos y puedes ser tú en cualquiera de tus facetas, pero sobre todo cuando eres tú de verdad.

Pero nunca podría estar contigo. No sólo porque tú no estarías conmigo a pesar que de alguna u otra forma siempre regresas a mi, sino porque me enferma la idea de vivir en perpetua paranoia, al saberme todas tus pendejadas, tanto como me enferma la idea de que, a pesar de todo lo que soy, pareciera no dar la talla para ti, sino no entiendo otra razón por la que se sabotea todo siempre de alguna manera.

Me enferma la idea de que cada vez que te veo no puedo evitar las ganas de volver a abrazarte y sentir las mismas ganas de que me vuelvas a abrazar siempre, tal como la primera vez. Pero nunca será tan puro e inocente como la primera vez, la historia ya se jodió, las cosas pasaron y siguen pasando mal, en estado de perfecta armonía y conjunción pero mal.

No tengo ni puta idea de como acabará esto, ni de como hacer que acabe ahora antes que acabe mal. Te adoro, cierto, pero parte de esa adoración de amantes se ha disuelto en el último pisco que tomamos juntos... hace tiempo, y la esperanza de que funcionen las cosas fue atropellada en la vía expresa en un taxi que me llevó de tu casa a la mía hace muchos meses. En todo caso tengo que velarte sin pensar que vas a 'resucitar'. Cuando mate la ilusión (que no es esperanza, sino el arte de construir castillos en el aire) de la resurrección en ti, podré enterrarte, limpiar la memoria y apostar por algo real con otra persona.

Mientras tanto, no sé que cuernos hacer para que me duelas un poco menos. Mientras tanto, desaparecerme de la vista de todos, pero sobre todo de la tuya, es lo único que se me ocurre, porque una conversación más sobre este tema, acabará como siempre: tú dirás que yo sabía xxx cosas, y yo diré que tú debiste poner tus reglas más claras, porque las mías se presentaron casi hasta con carta notarial de por medio.

Entonces, sólo me queda disfrutar de este dolor de estómago temporal que aun me causas, dejándome las cosas en claro, porque lamentablemente el maldito tiempo es el único que va a poder darme la respuesta, la solución e indicarme el momento exacto de tu entierro, al cual no estarás cordialmente invitado.

No hay comentarios: